Crónica del Domingo de Ramos

Lucía un Domingo de pleno sol, Domingo de Ramos, del barrio castizo y sentío de Jerez de la Frontera, salía la Hermandad del Consuelo con andares flamencos.

Desfilábamos por la calle Merced al compás del ritmo ordinario, mientras en la salida se aglutinaba la multitud para ver al Señor del Consuelo, que derrocharía arte y compás en cada chicotá que diera.

Poco más tarde, el fiel dorado del paso ya asomaba por el dintel de la puerta y el silencio se hacía para un barrio que solo pedía “Consuelo”, sonaba su marcha “Consuela a tu barrio, Señor”, y enfilaba así la calle Merced para realizar su Estación de Penitencia por las calles de Jerez.

Proporcionados metros más adelante el Señor del Consuelo hacía homenaje a la Hermandad de la Soledad, sonaba “Eternidad”.

Se situaba en la Plaza del Mamelón el paso de Cristo, cuando se disponía a realizar su recorrido por la carrera oficial, acompañándolo como siempre, su gente, su barrio, se interpretaba “el Dolor” en tan ansiada revirá que encauzaría el primer tramo del recorrido oficial.

Más adelante, justo en la calle Lancería se esperaba otro de los momentos más entrañables de la Hermandad, una revirá en la que arranca el Señor del Consuelo con compás y favoreciendo el aplauso de todas las almas que se encontraban en esa transitada esquina.

La candelería del paso se iba haciendo ya generosa, cuando el paso de Cristo entraba en Carpintería Baja donde minutos antes sonaban las palilleras, ayudando el caminar del Señor a transcurrir, por tan laboriosa estrechez, sonaba el golpe de aro directamente, continuamente “Devoción”, la Hermandad se encuentra en un punto del recorrido valerosa de si misma, demostrando como saben andar en el barrio de la Merced.

“A tus brazos, Madre” sonaba en otro de los puntos en los que la Hermandad continúa valiente por la contracción de las calles por donde pasa, seguidamente sonaba “Señor de humilde mirada” y la gente hacía mérito a ello gracias al caminar y a la conjunción la música que le acompañaba.

Finalizando los últimos ramales de sus calles estrechas suena “A la tercera caída” y de esta manera encauza casi el final de su recorrido el Señor del Consuelo por las castizas calles de Jerez, donde la luz se hace cálida gracias a la llama que derretía la cera en cada una de las tulipas de la candelería del paso del Señor.

Su barrio lo esperaba como cada año, en su calle, La Merced. Sonaba “Esperanza” para todos aquellos que ansiaban ver al Hijo de Dios, seguidamente se apoderaba silencio de la plaza, que solo dejaba escuchar la cadencia de los pasos del andar del Señor, el redoble de tambor casi pone fin a tan grandiosa jornada, a falta de la Marcha Real. El paso de Cristo conseguía adentrarse de nuevo en su santuario, la Merced.

Termina de esta manera un grandioso Domingo de Ramos.

Fotografía / Sentimiento Cofrade

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