Crónica del Miércoles Santo

Miércoles Santo, de añoranza, de pasión y a la vez de ilusión.
Sevilla, cálido miércoles del mes de Abril; el minuto, segundo, el intervalo esperado, durante tantos años.Situados en la calle Cristo de la Sed.

Meridiano del día, 12:00 de la mañana, se abren las puertas de la Parroquia Concepción Inmaculada, comienza a salir en precepto orden una senda de nazarenos acompañando a su Cristo, el Santísimo Cristo de la Sed, en sus retinas la ilusión de todo un año, en la nuestra la de toda una vida.

A la suavidad y tesura de los pasos, comenzaba a avanzar el Santísimo Cristo de la Sed, una dulce melodía suena comienza, la melodía que acompañará a su Madre, Santa María de la Consolación, sonaba “Cristo de la Sed”.

Con un precipitado y afinado crescendo se hacía silencio del publico y de la melodía, la voz del capataz manda, el llamador da la orden de levantar los zancos del suelo, golpe de aro, suena “Consuelo”, símbolo e insignia de Cádiz, comienza la Estación de Penitencia.

La Hermandad recorre parte de su barrio, donde su gente lo acoge y acompaña como cada año, donde observan como han crucificado al Hijo de Dios, que clama Sed al barrio de Nervión. Sonaba “Señor de Nervión”.

Encauzaba la Avenida de Eduardo Dato para dirigirse al Hospital donde repartiría “Esperanza” a todos los residentes del lugar.

El paso de Cristo cesaba sus pasos cuando llegaba a la renacentista Iglesia de San Benito Abad, rindiendo veneración a la Hermandad de San Benito, a la que el Santísimo Cristo de la Sed rendía homenaje al son de “Pilatos a Jesús”.

Entraba en el centro, clamoroso por el público, hacía su entrada con “Evocación” y “Amor y Sacrificio”, haciendo mención al clasicismo y a la seriedad que la Hermandad requería, llegando casi a una revirá tan esperada como era Laraña con la calle Orfila, donde sonó “Al compás de tu andar, Despojado”.

Enfilaba la Plaza de la Campana de manera clásica en la que se interpretó “Eucaristía”, “Consuelo” y “Pasión, Muerte y Resurrección”, arrancando con animoso paso hacia la calle Sierpes, Presidencia, concluyendo este tramo con “Marineros de tu Fe”, y rematando el intervalo más céntrico en la Santa Iglesia Catedral, coronada por el triunfo de la Iglesia.

Decidida a continuar su recorrido céntrico y anhelada Cuesta del Bacalao, la Hermandad de la Sed derrochaba decisión en los pasos que su capatacía, comandada por Ricardo Almansa y Sergio Rodríguez ordenaba, interpretábamos “El Milagro”, “Septem Dolorum”, y “Eternidad”, arrancando el paso de Cristo entre un fervoroso aplauso y continuando por las calles Velasco, Álvarez Quintero y Villegas, hasta llegar a la Alfalfa donde sonaba “El Dolor”.

Nuevamente el paso de sus costaleros se ralentizaba para hacer de nuevo homenaje a otra Hermandad, en esta ocasión la Hermandad de San Esteban, donde sonaba “Venga tu Reino” y donde la candelería rendía luminosidad al Cristo de la Sed.

Llegaba el Santísimo Cristo de la Sed al convento de las Hermanitas de los pobres, donde hacía obligada mención a las hermanas que amparan a los pobres, deteniéndose y revirando para rendir homenaje a tan encomiable entidad.

Intrínseco en su barrio de Nervión acababa la calle Goya con “A tus brazos, Madre”, en el cual el publico que completaba su compañía era aforado del barrio de Nervión, hasta llegar a un punto el cual, el desconsuelo se sanaba con “Requiem”, rindiendo honra a la familia del Antiguo Hermano Mayor de la Hermandad de Nervión y que con un tambor destemplado, austero y grave, acababa la calle venerando tan triste pérdida.

Consumando su recorrido, el Santísimo Cristo de la Sed entre oscuridad y cálida luz de las velas, finalizaba su camino, revirando hacia la rampa de entrada en la que sus hermanos le ofrecían un salmo, un rezo, un clamor al cielo por el Hijo de Dios. Lágrimas y llantos de un largo año, lamentos aliviados por la consolación de un barrio, suspiros de alegría, el Señor ya estaba de nuevo en su casa, Nervión.

Fotografía / Javier Cantos Lozano
Video / BANIAN

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